No soporto ciertas cosas, ... ¿Y tú?
Serán manías, pero no me gustan.
Incluso me hacen ponerme de mal humor, ...en algunas ocasiones.
Odio meterme en una bañera cuyas cortinas sean de plástico.
Y los mensajes inspiracionales tipo "Todo saldrá bien, cree en ti, y lo conseguirás".
Y a los guruses. Estoy hasta los "gurús" de todo.
No me gusta comer de menú.
Ni la ternera jardinera, ni las varitas de merluza, ni el filete de lomo.
Odio los platos combinados.
No me gustan las agendas electrónicas.
Ni tener que buscar durante un buen rato a un mosquito en la habitación cualquier noche.
Odio las perchas de riel en los armarios de los hoteles.
No acierto a meter el gancho. Las dejo en el suelo del armario, que se las arreglen ellos.
No me gusta nada el olor a frito de los baretos.
Ni de los restaurantes finos.
Me dan el día. Tengo que salir corriendo a casa para una ducha antes de seguir.
Me molesta mucho reclamar facturas que no han pagado.
Y también me molesta tener deudas.
Odio a Paulo Cohelo.
Bueno, no a él, sino a lo que representa. Lo falso. Lo innecesario de su mensaje.
Y a los que le imitan.
Odio a los "yo, ...yo ....yo...".
No em gusta la gente con el pelo sucio.
Ni el olor de la mayor parte de personas. Soy así...
No me gusta el calzoncillo muy largo, me agobia.
Ni soporto los ascensores que tardan media hora en llegar.
Y cuando llegan van llenos.
No me gustan los desayunos continentales en un triste hotel.
Ni el pan chicle, ni el café agua, ni la mermelada de sobrecielo.
No me gustan los cojines decorados.
Me molestan las luces blancas potentes en las casas, me resuenan a hospital o quirófano.
Me pone de muy mal humor el “ya te llamaré” por cumplir, que nunca se hace.
Odio las toallas falsas, ásperas de algunos hoteles, me exfolian el alma.
Y las duchas del mismo hotel con grifos de super inteligencia.
Yo sólo quiero agua caliente, no pilotar una nave espacial.
Odio las servilletas de bar que no limpian, sólo reparten la grasa.
Y también a los camareros que me preguntan "¿todo bien?
y antes de que les conteste ya se han ido.
No soporto las reuniones extensas, interminables,
que se podrían resolver de pie en dos minutos de pie, o con un email.
Me incomoda la gente que habla demasiado cerca de mí. Da un pasito atrás.
Me gusta mucho la música, pero no la de "fondo".
¿Eso para qué se ha inventado? ¿Para maltratar la música?
Odio las sillas que son de diseño pero nada cómodas.
El diseño que duele no es diseño, es maltrato.
Me pone nerviosismo el papel film que se pega entre sí mismo y no al plato.
Me encantan los silencios, aunque sean incómodos.
Los prefiero a las conversaciones remplazables.
No me gustan los entrenadores que no se entrenan a sí mismos.
Ni su mente.
Pero pretenden, continuamente, dar lecciones a los demás.
Conozco a muchos.
No me gustan los relojes que hacen "tic-tac" muy fuerte. Me desesperan.
Pero los llevo, como no lo oigo... 😀
Me desespera la gente que me dice "relájate" , justo cuando menos lo necesito.
Y me molesta mucho el “ya que estás…” cuando te cargan tareas extra.
Odio las tiendas donde un dependiente te sigue pegado a la espalda
“por si necesitas algo”.
Sí, necesito aire.
Me mata la frase “siempre ha sido así ”.
Es una renuncia con aplausos.
Ni soporto las frases vacías tipo
“todo pasa por algo”.
Me incomodan la mayor parte de los WhatsApp,
especialmente los de voz de más de 5 minutos.
Odio las conversaciones con eco:
dices algo, la otra persona lo repite…
pero como si fuera idea suya.
Genialidad prestada.
Y no me gustan los domingos por la tarde con olor a lunes.
Ese sentimiento gris que debería venderse con un prospecto de advertencia.
Odio lo innecesario disfrazado de imprescindible,
y todo lo falso que intenta pasar por la vida de forma auténtica.
Odio lo que huele a plástico:
las cortinas, los discursos, las personas, …
en general, lo artificial.
Odio las cosas vacías que hacen ruido.
Y las personas vacías que hacen ruido.
Odio todo lo que pretende ser profundo,
sin haber tocado nunca fondo.
Y si a alguien no le gusta,
lo que a mí no me gusta y odio,
que haga su propia lista.
Yo ya me he quedado a gusto.