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3/6/2026
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3/6/2026

El día estaba acabando.
María y David se sentaron, como cada noche en el sofá, juntos, pegaditos.
La pequeña de la casa ya está en su cama, dormidita.
Ella ha llegado un poco tarde del trabajo, pasó por el gym
y luego se fue a hacer algunas compras.
Trajo para la cena esa botella de vino que tanto les gusta, la que tomaron
por primera vez en ese restaurante de Oporto, en aquel viaje que nunca olvidarán.
Él tenía esa tarde consulta con su médico, hacía semanas que no se encontraba muy bien.
Sentía ciertos mareos, dolor abdominal, hinchazón, y el color de su pis se había vuelto
un poco más oscuro de lo normal, ...algo no iba bien.
Esa noche, no sabía cómo decirle a su amor que acababa de ser diagnosticado
de un cáncer de páncreas en fase terminal; que le quedarían unos seis meses de vida.
Y que había decidido no pasar por tratamientos que le hiciesen tener unos últimos días
sufrientes, había dicho no a la quimioterapia.
Tan solo, se pondría en manos de los cuidados paliativos.
Finalmente se lo dijo. Sin esconder nada.
A ella, que era dos años más joven que él, le cambió la cara, lloró,
sin ser capaz de poder
sorber ni una gota de vino, de ese vino que habían probado por primera vez
en ese viaje a Oporto.
Él la consolaba, como si el verdadero dolor, la auténtica pérdida, no fuera la suya, su vida.
Le dolía más el dolor que sentía ella que la sensación de fin que recorría su mente.
¿Cómo se lo dirían a la niña? ¿Cómo sería la vida sin David, sin papá, al que adoraba?
Días después, María se atrevió a sugerir a David que hiciesen,
ahora que todavía podían algo diferente; quizás un viaje, quizás volver a Oporto,
a pasear por sus calles, a saborear allí, de nuevo, una vez más, ese vino tan especial.
Él, por su parte, lo único que deseaba era el hombro de María, en el que apoyar su cabeza,
diciéndole, cerca del oído, que la quería mucho, que la amaba, que era su vida.
En esos días, David, no dejaba de escribir notas a su hija, para el futuro,
para que su madre se las diera cuando él ya no estuviese.
Notas que le permitirían estar de alguna forma presente en momentos importantes
en la vida futura de Martina: cuando esté con su primera amor, el día que termine sus estudios,
cuando decida irse a vivir con otra persona, en el cincuenta cumpleaños de su mamá, ...
David sabía, aún escribiendo esas cartas para el futuro,
que solo los vivos pueden dejar algo a los vivos. Los muertos no.
No dejes para mañana lo que quieres hacer, decir, sentir, ..., hoy.